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Reflexiones mes de mayo día 20

Día 20º El niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran sus padres (Lc 2, 43) Al cabo de unos años en el exilio, regresan a su tierra y se instalan en Nazaret. Y el que era Hijo del Altísi­mo, rey de Israel, Salvador del pueblo, empieza a trabajar en el taller de su padre. Días, semanas y años sin ningún signo de verificación de lo que le había dicho el ángel. Dios calla. Ante el silencio de Dios, hágase en mí según tu palabra. Nazaret es escuela de vida. Y aquí resalta el clima de silencio, componente necesario para la maduración y para el crecimiento. El niño crecía en edad y gracia y María estaba atenta a todo conserván­dolo en su corazón, dedica tiempo al silencio. Es ese tiempo de asimilación en el que la palabra se convierte en experiencia y en vida. Nazaret es para María el tiempo en que se convierte de Madre en discípula. Enseña y aprende, aprende a ser. En el silencio brillan con luz inusitada las intuiciones, se saborea la presencia del amor, se descubre uno a sí mismo con nuevos horizontes. En Nazaret no resalta el hacer, sino el aprender a ser, no resalta el hablar, sino el silencio; no resalta lo extraordinario, sino lo cotidiano extraordi­nariamente bien hecho; no resalta la prisa, sino la paciencia; no resalta la cantidad, sino la calidad de vida. María aparece sólo en silencio, acompañando a sus parientes en la búsqueda de Jesús. Deja partir a su hijo para que realice su propia vida y su misión. Colabora y participa en silencio en el apostolado de Jesús. Son contadas las alusiones en el Evangelio a la presencia de la Madre de Jesús durante su vida pública de apostolado y evangelización. Proximidad y distancia, confluencia de motivacio­nes personales y separación afectiva, relacionada esta última con la hora grande del misterio salvífico. El alejamiento del Hijo empeñado en el anuncio es como una continuada reiteración de la dolorosa experiencia sufrida por María cuando a la edad de 12 años Jesús se queda en Jerusalén «ocupado en las cosas que pertenecían a su Padre». A partir de este momento público de Jesús la vida de ambos cobra un claro e inconfundible matiz sacrificial. Cristo predicando su palabra de redención por la cruz y María que vive intensamente en la soledad de su renuncia y donación, de sus sentimientos cada instante que de continuo los acerca a la hora cumbre del Calvario. La actuación y presencia de María en las dos únicas ocasiones en que se encuentra junto al Hijo a lo largo del ejercicio público de su ministerio.

Dios te salve María… Oración:¡María Madre de Dios y madre nuestra, enséñanos a aceptar la voluntad de Dios con el silencio con que dejaste marchar a tu Hijo que comenzaba su vida pública, ayúdanos a decirte que no estás sola, que te queremos, que venimos a contarte nuestras cosas, venimos para verte sonreír, porque necesitamos tu sonrisa para caminar alegres! Amén.

20º El niño perdido y hallado en el Templo opt

Reflexiones mes de mayo día 19

Día 19º Conservaba todo meditándolo en su interior (Lc 2, 19 Al cabo de unos años en el exilio regresan a su tierra; se instalan en Nazaret. Y el que era Hijo del Altísimo, rey de Israel, Salvador del pueblo, empieza a trabajar en el taller de su padre. Días, semanas y años sin ningún signo de verificación de lo que le había dicho el ángel. Dios calla. Ante el silencio de Dios, "hágase en mi según tu palabra". Hasta que un día Jesús irrumpe en la vida pública, pero el Mesías que encarna, el mensaje que predica no cuadra con el Mesías que se esperaba. Dios que es como un esclavo que ha venido a servir, que en vez de reinar lo van a matar. Ante lo inesperado, hágase en mí según tu palabra. Y aquí resalta el clima de silencio, componente necesario para la maduración y para el crecimiento. El niño crecía en edad y gracia y María estaba atenta a todo conserván­dolo en su corazón, dedica tiempo al silencio. Es ese tiempo de asimilación en el que la palabra se convierte en experiencia y en vida. Nazaret es para María el tiempo en que se convierte de Madre en discípula. Enseña y aprende. En el silencio brillan con luz inusitada las intuiciones, se saborea la presencia del amor, se descubre uno a sí mismo con nuevos horizontes. En Nazaret no resalta el hacer, sino el aprender a ser, no resalta el hablar, sino el silencio; no resalta lo extraordinario, sino lo cotidiano extraordi­nariamente bien hecho; no resalta la prisa, sino la paciencia; no resalta la cantidad, sino la calidad de vida. Como madre del Niño empieza por enseñarle y a los 12 años comienza a escucharle, a observarle y después discreta­mente en el grupo escucha y observa atentamente a su Hijo. El antes niño se va convirtiendo en su maestro, lo imita, aprende a orar con él, a amar, a ser abierta, a vivir para los demás. Supone un cambio muy profundo en su personalidad, el paso del Dios judío al Dios Padre. María aparece sólo en silencio, acompañando a sus parientes en la búsqueda de Jesús. Deja partir a su hijo para que realice su propia vida y su misión. Son contadas las alusiones en el Evangelio a la presencia de la Madre de Jesús durante su vida pública de apostolado y evangelización. El alejamiento del Hijo empeñado en el anuncio es como una continuada reiteración de la dolorosa experiencia sufrida por María cuando a la edad de 12 años Jesús se queda en Jerusalén «ocupado en las cosas que pertenecían a su Padre». Cristo predicando su palabra de redención por la cruz y María que vive intensamente en la soledad de su renuncia y donación, de sus sentimientos cada instante que de continuo los acerca a la hora cumbre del Calvario. La actuación y presencia de María en las dos únicas ocasiones en que se encuentra junto al Hijo a lo largo del ejercicio público de su ministerio. María aparece significativamente con presencia activa, llena de sentido durante las nupcias de Caná de Galilea y después en el decurso de la predicación de su Hijo en que proclama bienaventura­dos los que oían y guardaban la Palabra de Dios. Según el cuarto Evange­lio el ministerio público de Jesús se encuadra entre las nupcias de Caná y la crucifixión, dos escenas en las que María es interpela­da por Jesús con el nombre de «mujer», la cruz rubricará luego el alcance del sacrificio de la hora anunciada, cumbre de la vida de Jesús, ofrendada en presencia de la Madre que está allí en actitud oferente de colaborar al cumplimiento de la voluntad salvífica del Padre.

Dios te salve María… Oración: ¡María Madre de Dios y madre nuestra, enséñanos a aceptar la voluntad de Dios con el silencio con que dejaste marchar a tu Hijo que comenzaba su vida pública, ayúdanos a decirte que no estás sola, que te queremos, que venimos a contarte nuestras cosas, venimos para verte sonreír, porque necesitamos tu sonrisa para caminar alegres! Amén.

19º María conservaba todo en su interior opt

Reflexiones mes de mayo día 18

Día 18º Toma contigo al niño y a su madre (Mt 2, 13) Herodes se enteró por los magos que había nacido el Mesías. Unos días después el que era esperado como «Príncipe de la Paz» despierta los celos de un reyezuelo llamado Herodes que enciende una espiral de violencia por decreto ordenando «Matad a todos los niños menores de dos años en Belén». Y María lo sabe; y ve como todas las madres lloran la injusticia de esa violencia y ha de apresurarse a huir hacia Egipto. Ante el misterio del mal en el mundo: Hágase en mi según tu palabra» Aquí José tampoco dice nada, se limita a cumplir lo que Dios le dice, levántate, vete, huye a Egipto. Era un largo y penoso camino, pero tenían que proteger la vida del niño, pues Herodes no podía dormir tranquilo mientras no matase al Niño. Y unos días después, el que era esperado como el "Príncipe de la Paz" despierta los celos de un reyezuelo llamado Herodes que enciende una espiral de violencia por decreto: "Matad a todos los niños menores de dos años nacidos en Belén". Y María lo sabe; y ve como todas las madres lloran la injusticia de esta violencia. Y ha de huir a Egipto. Ante el misterio del mal en el mundo, "hágase en mi según tu palabra". Desde la más tierna infancia Jesús conoce lo que es la emigra­ción. Nada más nacer ya le buscan para matarlo y han de huir a un país extranjero como fugitivos. José y María que ya se vieron obligados a abandonar su pueblo, ahora han de salir del país, dejando familia, trabajo... Y se van a Egipto de donde Moisés sacara a los hebreos camino de la tierra prometida. Es una expatriación forzosa, tienen que atravesar la frontera en busca de asilo político. Dejan atrás la tierra de Canaán y delante tienen las primeras arenas de los faraones. Ignora­mos las condiciones de vida en este país, pero supone­mos que las dificulta­des fueron muchas, buscar lugar donde vivir, trabajo para poder mantener una familia, descono­cimiento de la lengua... El evangelio no dedica una sola línea a aquel momento dramáti­co. Aquella foto de grupo, que Mateo no disparó sobre la raya aduanera, pero que conservamos en el álbum de nuestra mejor imaginación, es un icono de sugerencias incomparables para todos nosotros. Acepta la huida a Egipto como un exiliado de nuestro tiempo, lejos de su tierra, de su familia y de sus seres queridos. No sabemos si siguiendo a Juan tuvo que pasar de nuevo las fronteras. Según algunos, cerró sus ojos en la ciudad de Éfeso, es decir en el extranjero. Unos años después pueden regresar de nuevo a su país pero por seguridad se dirigen a Nazaret que en tiempos bíblicos era una aldea insignificante que albergaba un puñado de agricultores. Pero allí habían dejado su casa, su familia y su trabajo. Impresio­naba constatar que Jesús creciera rodeado de tanta pobreza. Curtido por la austeri­dad aquel sublime apóstol del amor, supo mucho de privacio­nes y renuncias.

Dios te salve María… Oración: ¡Oh María Madre de Dios y madre nuestra, enséñanos a aceptar la voluntad de Dios con la firmeza que manifestaste en la huida forzosa y precipitada a un país extranjero. Sé nuestra compañe­ra de camino. Te pedimos por los que se sienten y caminan solos, por los que luchan en la vida sin tener una mano amiga cerca. Por eso te pedimos que camines con nosotros para marcar el paso con decisión y así podamos llegar a Jesús! Amén.

18º Huída a Egipto opt

Reflexiones mes de mayo día 17

Día 17ºSimeón dijo a María, su madre… una espada atravesará tu alma (Lc 2, 34-35) A los 40 días del nacimiento como era costumbre fueron al templo de Jerusalén, ya que la ley de Moisés mandaba que el primer hijo de una madre judía, si era varón había que consagrarlo al Señor. Como buenos judíos se disponen a cumplir la ley presentan­do el Niño en el Templo. Allí había siempre mucha gente por lo que no llamaron la atención. Eran una familia más de las muchas que habían ido allí para cumplir lo que mandaba la ley. Y allí estaba un anciano llamado Simeón, que había esperado este día durante largos años y al verlos se alegró y los bendijo; tomo al Niño en brazos y dijo: «ahora Señor puedes dejar a tu siervo morir en paz porque mis ojos han visto tu salvación». María y José no salían de su asombro ante las cosas maravillo­sas que todos decían de su Hijo. Primero fueron los pastores, después la gente de Belén, más tarde los magos de oriente y ahora en Jerusalén, personas respetables como Simeón o la profetisa Ana, que veían que Dios y los pobres tenían puestas muchas esperanzas en aquel hijo suyo. Pero no todo son alegrías, Simeón dirigién­dose a María le dice que una espada de dolor la atrave­sará, a ella sola, de José no dice nada. María no contempló el dolor desde lejos. Con el niño en brazos en el Templo, el anciano Simeón profetizó que viviría toda su vida como si una espada le traspasara el corazón. Y años después María también en el templo se dirige a Jesús diciéndole que le buscaba con angustia. Angustia y espada. La palabra profética del anciano Simeón, lleno del Espíritu divino, Cristo signo de contradicción y víctima expiato­ria del Padre, es también la espada de dolor compartido que hiere el corazón de la Madre. Cristo luz para iluminar a los hombres pero en medio de la incomprensión y del dolor. María debe compartir la suerte de su Hijo, sus inquietudes y sus penalidades. Los caminos del Hijo marcarán la trayectoria y rumbo de la vida de la Madre según el Evangelio. Un solo amor y un mismo dolor unen a la Madre y al Hijo. La Presentación es el cumplimiento de la ley de Moisés por la que la Madre consagra a Dios su primogénito. Por esta consa­gración Madre e Hijo hacen pública la opción radical de su vida, pertenecer en exclusiva al Señor. Esta consagración conjunta mantendrá indisolu­blemente unidos para siempre a la Madre y al Hijo en el mismo amor. Este amor consagrado tiene un precio: la comunión en el dolor. Dos imágenes complemen­tan esta unión en el dolor: Cristo como una bandera discutida y María como una espada que le atraviesa el alma. Como trasfon­do de estas imágenes: la crucifixión con María al pie de la Cruz. María experimenta el desconcierto propio de las personas que no conocen, que no pueden entender todo, pero conservaba en su interior el recuerdo de todos los acontecimientos que vivía. Es entonces cuando Simeón anuncia que el Hijo será signo de contradicción. El saludo de Simeón a María es como un anticipo de la cruz de tristes presagios, adquiere intensidad cuando el Niño perdido y buscado con dolor por sus padres que lo hallaron en el templo ocupado en las cosas que pertenecían a su Padre y no entendieron la respuesta.

Dios te salve, María… Oración: ¡María Madre de Dios y madre nuestra, enséñanos a aceptar la voluntad de Dios con la entereza que manifestaste en el Templo. Aunque a veces nos olvidemos de ti queda en nosotros el rescoldo de tu amor. Tu que conoces los caminos que llevan a Dios, ayúdanos a encontrar el verdadero y que tu fortaleza ayude nuestra flaqueza! Amén.

17º Simeón dijo a su Madre opt

Reflexiones mes de mayo día 16

Día 16º Vieron al Niño con María su madre (Mt 2, 11) Salió un decreto del emperador romano ordenando hacer un censo de todos los habitantes del Imperio. Era costumbre inscribirse en el lugar de donde provenía su familia. Cumplen las leyes impues­tas por Roma e inician el camino hasta Belén. José y María se ponen en camino. Desde Nazaret hasta las montañas de Judea donde se halla Belén hay más de 150 km. de distancia, los caminos eran malos y peligrosos, por eso acostum­braban a ir en grupos para proteger­se y ayudarse en caso de necesi­dad. El recorrido se hacía a pie o en burro. Gran movi­miento de gentes, cada uno va a su ciudad de origen. Al llegar a Belén el Niño estaba a punto de nacer y era preciso buscar alojamien­to, pero una a una todas las puertas se cierran, nadie quiere complicarse la vida. Como eran de condición pobre, optan por refugiarse en una cueva en las afueras de la ciudad, lejos del ruido y del bullicio, sin más testigos que el amor de un esposo y un par de animales. Un admirable y maravilloso misterio, ante el cual sólo cabe el silencio de la fe y la contem­plación creyente de María que conserva todas estas cosas meditándolas en su corazón, para asimilar la sabiduría de Dios que transforma el corazón. Los pastores regresaron y ella vuelve a quedar sola con su esposo que tampoco entiende nada y con su hijo. María calla y observa sin entender nada. Presenta a su hijo a los primeros que habían ido a adorarle, lo enseña llena de alegría, quiere compartirlo. Un admirable y maravilloso misterio, ante el cual sólo cabe el silencio de la fe y la contem­plación creyente de María que conserva todas estas cosas meditándolas en su corazón, para asimilar la sabiduría de Dios que transforma el corazón. Los pastores regresaron y ella vuelve a quedar sola con su esposo que tampoco entiende nada y con su hijo. Seguramente cuando los pastores de Belén fueron en busca del Mesías y los magos avisados y guiados por la estrella, encontraron a una joven pareja que aún no habían salido de su asombro, al contemplar el gran milagro de la vida. María y José fueron los primeros en ver la luz y la fragilidad de un niño que les han anunciado que será grande y también es Dios. María ante lo asom­broso del acontecimiento abrazó con cuidado y ternura al hijo recién nacido. 

Dios te salve, María…  Oración: ¡María Madre de Dios y madre nuestra, enséñanos a aceptar la voluntad de Dios con la ternura que manifestaste en Belén. Que te sintamos cerca de nosotros dándonos cada día tu beso de amor. Te queremos cerca en los momentos difíciles, que no nos falte tu comprensión, tu ayuda y tu aliento maternal que estimule nuestro caminar! Amén.

16º Vieron al niño con su madre opt

Reflexiones mes de mayo día 15

Día 15º Dio a luz a su Hijo primogénito (Lc 2, 7) El hecho más trascendental de la historia de la humani­dad no tuvo lugar en una de las grandes ciudades de la época, ni en un gran palacio, ni fue presenciado por grandes persona­jes. El Hijo de Dios vino al mundo precisamente en un momento en el que el pueblo de Israel, el elegido, se encuentra sometido por el Imperio romano. Belén es una ciudad en el que sus habitantes se dedicaban al pastoreo y a la agricultura. El Antiguo Testa­mento lo cita ya con motivo de la muerte de Raquel, la esposa predilecta de Jacob. Le da el nombre de Efratá. Pero su fama se debió sobre todo, a ser la patria del rey David. María calla y observa sin entender nada. Los patriarcas habían expiado su llegada desde siglos remotos. Los profetas con vaticinios desbordantes de misterio, habían diseñado su rostro. Y Dios cumplió su palabra revelando su amor desbordante. Todos esperaban su nacimiento en un palacio, anunciado por medio de trompetas, pero nadie se enteró. Los ángeles tuvieron que desplazar­se desde el cielo para anunciarlo a unos humildes pastores que guardaban sus rebaños. Se vuelve a oír lo mismo que en la Anunciación: «No temáis, no os asustéis, os anuncio una gran alegría, os ha nacido el Salvador». Fueron a toda prisa y encontraron a María, José y al Niño acostado en un pesebre. Era preciso correr para poder contemplar aquel aconte­cimiento. En la noche oscura de Belén se acercó el acontecimiento tan esperado para María y José. María sabiendo que era el cumplimiento de la palabra anunciada, estaría preocupada por dar un lugar digno al Dios que se hace niño. Pero los caminos de María se vuelven a truncar y se ven trastocados por la mano amorosa de Dios. Dios no quiere nacer en un palacio, ni siquiera en una posada, ni aún en su propia casa de Nazaret. Quiere hacerse presente igualándose a los pobres del mundo. Y allí dio a luz a su hijo. Llega el día del nacimiento de quien le habían dicho que sería «Grande», «Hijo del Altísimo», «heredero del trono de David» y la realidad no ofrece ningún signo de todo ello. Ni siquiera una cuna como los demás niños. «No hubo lugar en la posada». Lo que María ve, no cuadra ni con lo que le había dicho el ángel ni con lo que le habían enseñado en la sinagoga referente a la llegada del Mesías. Ante la duda, «hágase en mí según tu palabra» Y lo reclinó en un pesebre. En el pesebre, envuelto en pañales el pan vivo bajado del cielo. En la noche del rechazo María usó el pesebre como el cestillo de una mesa, como queriendo antici­par, con aquel gesto profético, la invitación que Jesús, la noche de la traición dirigirá al mundo entero: tomad y comed todos porque esto es mi cuerpo que se ofrece en sacrificio por vosotros. Presenta a su hijo a los primeros que habían ido a adorarle, lo enseña llena de alegría, quiere compartirlo. Dios te salve María… Oración: ¡Oh María Madre de Dios y madre nuestra, enséñanos a aceptar la voluntad de Dios con la ternura que manifestaste en Belén. Que te sintamos cerca de nosotros dándonos cada día tu beso de amor. Te queremos cerca en los momentos difíciles, que no nos falte tu comprensión, tu ayuda y tu aliento maternal que estimule nuestro caminar! Amén.

15º Dio a luz a su Hijo primogénito opt

Reflexiones mes de mayo día 14

Día 14º Él hace proezas con su brazo: dispersa… derriba… enaltece… colma de bienes… despide vacíos (Lc 1, 51-53) María no lo sabe, pero la espada anunciada por el anciano Simeón se estaría afilando para ser clavada en su corazón. Suponemos que está también en Getse­ma­ní y esperan­do fuera durante la celebra­ción del juicio, porque quizá por su condición de mujer no la dejaban entrar. Segura­mente se pasó toda la noche sin dormir. Ve como Judas lo vende, Pedro lo niega, Pilato lo condena y el pueblo grita que le crucifiquen. Poco a poco sin quererlo, María iba sufriendo lo anuncia­do por Simeón. Mira: este está puesto para que muchos en Israel caigan o se levanten, será una bandera discutida, mientras que a ti una espada te traspasará el alma; así quedará patente lo que todos piensan. María iba descubriendo con certeza que las palabras del anciano se iban haciendo realidad y cumplimiento sin desearlo. Espina a espina su corazón se vería coronado por el dolor. A la mañana siguiente le sigue camino del Calvario y ve como le pegan, insultan y escupen, se ríen de él y ella no dice nada, sufre en silencio. Pero por la Vía Dolorosa si iba, y veía como su Hijo se desangraba. Presente sin llamar la atención y sin protagonis­mos. Vive con intenso dolor cada uno de los momentos finales de la vida de su Hijo y no puede hacer nada para impedirlo, ni siquiera puede estar a su lado, para limpiarle la sangre de las heridas, se tiene que conformar con seguirle de lejos. Aquí sí que experimenta una profunda soledad. María comienza el recorrido por la Vía Dolorosa. Imagina­mos a Jesús escarneci­do por los soldados, mientras él marchaba soportan­do el travesaño de lo que iba a ser su cruz. Mientras recorría la calle recorda­mos la escena del cirineo afortunado al ayudar a Jesús, y allí comenzaron propia­mente la subida hacia el Calvario, testigo mudo de la crucifi­xión. Unos metros más de recorrido conducen al escenario de que nos habla San Juan donde murió crucificado un judío llamado Jesús de Nazaret, un año en el que el día 14 del mes de Nisán, es decir el día en que se celebraba la pascua judía cayó en viernes, siendo Tiberio emperador de Roma, Poncio Pilato procurador en Judea y Caifás sumo sacerdote del templo de Jerusalén. En el camino largo y duro de la muerte, su mirada llena de lágrimas de dolor se cruzó con la de su hijo. Contempla a su hijo roto, con sus pies cansados, sus rodillas ensangrentadas por las caídas ante el peso de la cruz. Su rostro desencajado por el dolor y cansado de no dormir. Sus manos sujetando con firmeza el madero del suplicio que se convertiría en madero de salva­ción. Sus ropas desgarradas y sucias, su cabeza coronada por el espino hacía fluir sangre de su frente. El camino se hace cada vez más duro, el camino hacia el Calvario se hacía más empinado y resultaba más fácil dejarse caer hacia la ciudad de Jerusalén, que dar un paso más para que se cumpliera el proyecto que el Padre tenía con Jesús y María. Pero había que seguir y llegar hasta el monte, para que el sacrificio nos diera nueva vida.Dios te salve María… Oración: ¡María Madre de Dios y madre nuestra, enséñanos a aceptar la voluntad de Dios en el empinado camino hacia el Calvario. Tu vida silenciosa fue una ofrenda de amor, haz que te sintamos cerca cuando las cosas no nos van bien, necesitamos el latir de tu corazón, para que el nuestro se contagie de tu amor ardiente. Tú que experimentaste como Cristo en la cruz, el silencio de Dios, no te alejes de nuestro lado en la hora de la prueba. Cuando también el sol se eclipsa para nosotros, cuando el cielo no responde a nuestro grito, quédate a nuestro lado y no dudes en romper tu silencio para decirnos palabras de amor. Que afrontemos las dificulta­des con optimismo y así la luz aparecerá detrás de las tinieblas de la noche! Amén.

14º Colma de bienes a los pobres opt

Reflexiones mes de mayo día 13

Día 13º Desde ahora me felicitarán todas las generaciones (Lc 1, 48) ¡Qué gran profecía hiciste, María! Todas las generaciones me llamarán bienaventurada. Tú, la esclava del Señor, eres la mujer más famosa de todos los siglos. Todas las gentes te felicitan y te dicen: feliz, dichosa, bienaventurada Virgen María… En ti se cumplieron esas palabras de tu Hijo con toda precisión: El que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado. Tú, María, eres felicitada porque quisiste ser rebajada. Eres la primera bienaventurada del Evangelio. Tu Hijo Jesús un día, rodeado por sus discípulos y por una multitud, estableció quienes merecían el título de bienaventurados en su Reino y quiénes lo poseerían. Entre ellos, en primer lugar, estabas tú la bendita por todas las generaciones. Para Él se debían tener por felices los pobres, los sencillos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los de corazón limpio, los pacíficos, los perseguidos por ser buenos. A ti, María, se te pueden aplicar todas y cada una de estas bienaventuranzas. ¿Se fijaría en ti, Jesús para pronunciar estas palabras memorables? Jesús no se inventó las bienaventuranzas, ya estaban ahí cuando Él nació. Él las vio en ti, María, las aprendió de ti y las vivió contigo. Luego a sus discípulos, tardos en comprender, se las explicó de ocho formas diversas para que las entendieran y sobre todo para que las vivieran y así fueran felices. Él enseñó el camino de la felicidad de ocho formas distintas, fijándose en ti, María que las viviste todas en una. Jesús sabía que las personas para hacer algo, no sólo necesitamos palabras que nos muevan, sino sobre todo ejemplos que nos arrastren. Y tú, María eras el mejor ejemplo que podía darnos para caminar por la senda de la felicidad que Él nos propone a todos los hombres.

Dios te salva, María… Oración: Que tus hijos veamos en ti y aprendamos de ti viviendo contigo las bienaventuranzas del Reino que tu Hijo Jesús un día proclamó. 

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Reflexiones mes de mayo día 12

Día 12º Dios ha mirado la humildad de su esclava (Lc 1, 48) Eres sorprendente, María. Te alegras y además felicitas a Dios porque ha mirado tu “nada”, porque se ha fijado en lo que no eres, no tienes, no vales… ¡Eres increíble! Nadie, que no seas tú, hace esto. Todas las personas hacemos lo contrario: destacamos nuestros logros, ponemos bien a la vista lo buenos que somos, presentamos todo lo que tenemos… Tú, en cambio, María, no. Tú sacas a relucir lo que te falta. ¿Por qué? ¿Por qué, María, tú vas contracorriente? ¿Por qué le presentas a Dios tu pequeñez y no tu grandeza? Ya sé… Porque a Dios le gusta esto. Y tú siempre haces su voluntad. Dios no aguanta al orgulloso, al prepotente, al soberbio, al engreído, al arrogante… rehúye al que se cree superior, al que se tiene por más que nadie, al que mira por encima del hombro. A Dios le agrada lo pequeño, para grande ya está Él. Dios no se fija en el fuerte, en el valiente, en el poderoso… porque cuando se lo creen, son una burla grotesca para Él. No es que Dios tenga miedo del hombre y de sus logros. O que le de envidia de sus criaturas. Dios está por encima de todo eso. El problema está en que cuando una persona se “endiosa” hace la vida imposible a los demás y se destruye ella. María, tú si que tenías motivos para “endiosarte”, como nadie ha tenido, pero no lo hiciste nunca. Es más, las pocas veces que hablas de ti, siempre lo haces dándote el nombre de “esclava”. No quieres ser, para Dios y para los hombres, otra cosa que una pequeña servidora suya. Eres muy consciente de que todo lo que tienes lo has recibido y de que nada de lo que has recibido es solo para ti. Tú, María, te alegraste no tanto por ser la Madre de Dios cuanto por ser su esclava. Tú te gozaste no en tu grandeza y majestad, sino en tu pequeñez y humildad. Tú le presentaste a Dios no lo que eras, sino lo que te faltaba.

Dios te salve, María... Oración: Santa María enseña a tus hijos a parecerse a ti en humildad y servicio, a sentirse felices de que Dios vea su humildad y pobreza.

13º Desde ahora me felicitarán todas las generaciones opt

IV Domingo de Pascua

Hoy contemplamos la figura de Jesús resucitado bajo la imagen del Buen Pastor. Tres características resaltan su figura: El sentido de propiedad. Frente al asalariado a quien sólo le interesa el dinero, el pastor bueno es además "amo". Ello origina un cambio de actitud ante el peligro. El asalariado huye ante el lobo, el amo se enfrenta a él para defender a sus ovejas. Esa audacia de su pastor es la que da seguridad y paz a las ovejas. Su mirada, su palabra, su cayado, sosiegan. Especial relación de conocimiento mutuo. La comparación que pone Jesús es significativa. No puede haber conocimiento más perfecto ni exhaustivo que el que existe entre el Padre y el Hijo. Significado por el rebaño. Él dedica al rebaño su propia existencia. Vive para cada oveja las 24 horas del día y voluntariamente entrega su vida, se deja matar para que las ovejas vivan. Es la propia interpretación del drama de la Cruz. A las ovejas no les exige nada a cambio, solamente que vivan. Los lobos son la gran amenaza para las ovejas. No resulta difícil comprobar la existencia de lobos en nuestro mundo. Crean inseguridad, miedo y violencia. En este ambiente necesitamos a Alguien que nos infunda seguridad. El Buen Pastor me conoce personalmente y me llama por mi nombre. Me acompaña, me da seguridad. Ante el peligro no huye, se arriesga, porque ha recibido un mandato del Padre: No perder a ninguna. Sacrifica su propia vida por salvar la de la oveja.

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