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Reflexiones mes de mayo día 15

Día 15º Dio a luz a su Hijo primogénito (Lc 2, 7) El hecho más trascendental de la historia de la humani­dad no tuvo lugar en una de las grandes ciudades de la época, ni en un gran palacio, ni fue presenciado por grandes persona­jes. El Hijo de Dios vino al mundo precisamente en un momento en el que el pueblo de Israel, el elegido, se encuentra sometido por el Imperio romano. Belén es una ciudad en el que sus habitantes se dedicaban al pastoreo y a la agricultura. El Antiguo Testa­mento lo cita ya con motivo de la muerte de Raquel, la esposa predilecta de Jacob. Le da el nombre de Efratá. Pero su fama se debió sobre todo, a ser la patria del rey David. María calla y observa sin entender nada. Los patriarcas habían expiado su llegada desde siglos remotos. Los profetas con vaticinios desbordantes de misterio, habían diseñado su rostro. Y Dios cumplió su palabra revelando su amor desbordante. Todos esperaban su nacimiento en un palacio, anunciado por medio de trompetas, pero nadie se enteró. Los ángeles tuvieron que desplazar­se desde el cielo para anunciarlo a unos humildes pastores que guardaban sus rebaños. Se vuelve a oír lo mismo que en la Anunciación: «No temáis, no os asustéis, os anuncio una gran alegría, os ha nacido el Salvador». Fueron a toda prisa y encontraron a María, José y al Niño acostado en un pesebre. Era preciso correr para poder contemplar aquel aconte­cimiento. En la noche oscura de Belén se acercó el acontecimiento tan esperado para María y José. María sabiendo que era el cumplimiento de la palabra anunciada, estaría preocupada por dar un lugar digno al Dios que se hace niño. Pero los caminos de María se vuelven a truncar y se ven trastocados por la mano amorosa de Dios. Dios no quiere nacer en un palacio, ni siquiera en una posada, ni aún en su propia casa de Nazaret. Quiere hacerse presente igualándose a los pobres del mundo. Y allí dio a luz a su hijo. Llega el día del nacimiento de quien le habían dicho que sería «Grande», «Hijo del Altísimo», «heredero del trono de David» y la realidad no ofrece ningún signo de todo ello. Ni siquiera una cuna como los demás niños. «No hubo lugar en la posada». Lo que María ve, no cuadra ni con lo que le había dicho el ángel ni con lo que le habían enseñado en la sinagoga referente a la llegada del Mesías. Ante la duda, «hágase en mí según tu palabra» Y lo reclinó en un pesebre. En el pesebre, envuelto en pañales el pan vivo bajado del cielo. En la noche del rechazo María usó el pesebre como el cestillo de una mesa, como queriendo antici­par, con aquel gesto profético, la invitación que Jesús, la noche de la traición dirigirá al mundo entero: tomad y comed todos porque esto es mi cuerpo que se ofrece en sacrificio por vosotros. Presenta a su hijo a los primeros que habían ido a adorarle, lo enseña llena de alegría, quiere compartirlo. Dios te salve María… Oración: ¡Oh María Madre de Dios y madre nuestra, enséñanos a aceptar la voluntad de Dios con la ternura que manifestaste en Belén. Que te sintamos cerca de nosotros dándonos cada día tu beso de amor. Te queremos cerca en los momentos difíciles, que no nos falte tu comprensión, tu ayuda y tu aliento maternal que estimule nuestro caminar! Amén.

15º Dio a luz a su Hijo primogénito opt

Reflexiones mes de mayo día 14

Día 14º Él hace proezas con su brazo: dispersa… derriba… enaltece… colma de bienes… despide vacíos (Lc 1, 51-53) María no lo sabe, pero la espada anunciada por el anciano Simeón se estaría afilando para ser clavada en su corazón. Suponemos que está también en Getse­ma­ní y esperan­do fuera durante la celebra­ción del juicio, porque quizá por su condición de mujer no la dejaban entrar. Segura­mente se pasó toda la noche sin dormir. Ve como Judas lo vende, Pedro lo niega, Pilato lo condena y el pueblo grita que le crucifiquen. Poco a poco sin quererlo, María iba sufriendo lo anuncia­do por Simeón. Mira: este está puesto para que muchos en Israel caigan o se levanten, será una bandera discutida, mientras que a ti una espada te traspasará el alma; así quedará patente lo que todos piensan. María iba descubriendo con certeza que las palabras del anciano se iban haciendo realidad y cumplimiento sin desearlo. Espina a espina su corazón se vería coronado por el dolor. A la mañana siguiente le sigue camino del Calvario y ve como le pegan, insultan y escupen, se ríen de él y ella no dice nada, sufre en silencio. Pero por la Vía Dolorosa si iba, y veía como su Hijo se desangraba. Presente sin llamar la atención y sin protagonis­mos. Vive con intenso dolor cada uno de los momentos finales de la vida de su Hijo y no puede hacer nada para impedirlo, ni siquiera puede estar a su lado, para limpiarle la sangre de las heridas, se tiene que conformar con seguirle de lejos. Aquí sí que experimenta una profunda soledad. María comienza el recorrido por la Vía Dolorosa. Imagina­mos a Jesús escarneci­do por los soldados, mientras él marchaba soportan­do el travesaño de lo que iba a ser su cruz. Mientras recorría la calle recorda­mos la escena del cirineo afortunado al ayudar a Jesús, y allí comenzaron propia­mente la subida hacia el Calvario, testigo mudo de la crucifi­xión. Unos metros más de recorrido conducen al escenario de que nos habla San Juan donde murió crucificado un judío llamado Jesús de Nazaret, un año en el que el día 14 del mes de Nisán, es decir el día en que se celebraba la pascua judía cayó en viernes, siendo Tiberio emperador de Roma, Poncio Pilato procurador en Judea y Caifás sumo sacerdote del templo de Jerusalén. En el camino largo y duro de la muerte, su mirada llena de lágrimas de dolor se cruzó con la de su hijo. Contempla a su hijo roto, con sus pies cansados, sus rodillas ensangrentadas por las caídas ante el peso de la cruz. Su rostro desencajado por el dolor y cansado de no dormir. Sus manos sujetando con firmeza el madero del suplicio que se convertiría en madero de salva­ción. Sus ropas desgarradas y sucias, su cabeza coronada por el espino hacía fluir sangre de su frente. El camino se hace cada vez más duro, el camino hacia el Calvario se hacía más empinado y resultaba más fácil dejarse caer hacia la ciudad de Jerusalén, que dar un paso más para que se cumpliera el proyecto que el Padre tenía con Jesús y María. Pero había que seguir y llegar hasta el monte, para que el sacrificio nos diera nueva vida.Dios te salve María… Oración: ¡María Madre de Dios y madre nuestra, enséñanos a aceptar la voluntad de Dios en el empinado camino hacia el Calvario. Tu vida silenciosa fue una ofrenda de amor, haz que te sintamos cerca cuando las cosas no nos van bien, necesitamos el latir de tu corazón, para que el nuestro se contagie de tu amor ardiente. Tú que experimentaste como Cristo en la cruz, el silencio de Dios, no te alejes de nuestro lado en la hora de la prueba. Cuando también el sol se eclipsa para nosotros, cuando el cielo no responde a nuestro grito, quédate a nuestro lado y no dudes en romper tu silencio para decirnos palabras de amor. Que afrontemos las dificulta­des con optimismo y así la luz aparecerá detrás de las tinieblas de la noche! Amén.

14º Colma de bienes a los pobres opt

Reflexiones mes de mayo día 13

Día 13º Desde ahora me felicitarán todas las generaciones (Lc 1, 48) ¡Qué gran profecía hiciste, María! Todas las generaciones me llamarán bienaventurada. Tú, la esclava del Señor, eres la mujer más famosa de todos los siglos. Todas las gentes te felicitan y te dicen: feliz, dichosa, bienaventurada Virgen María… En ti se cumplieron esas palabras de tu Hijo con toda precisión: El que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado. Tú, María, eres felicitada porque quisiste ser rebajada. Eres la primera bienaventurada del Evangelio. Tu Hijo Jesús un día, rodeado por sus discípulos y por una multitud, estableció quienes merecían el título de bienaventurados en su Reino y quiénes lo poseerían. Entre ellos, en primer lugar, estabas tú la bendita por todas las generaciones. Para Él se debían tener por felices los pobres, los sencillos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los de corazón limpio, los pacíficos, los perseguidos por ser buenos. A ti, María, se te pueden aplicar todas y cada una de estas bienaventuranzas. ¿Se fijaría en ti, Jesús para pronunciar estas palabras memorables? Jesús no se inventó las bienaventuranzas, ya estaban ahí cuando Él nació. Él las vio en ti, María, las aprendió de ti y las vivió contigo. Luego a sus discípulos, tardos en comprender, se las explicó de ocho formas diversas para que las entendieran y sobre todo para que las vivieran y así fueran felices. Él enseñó el camino de la felicidad de ocho formas distintas, fijándose en ti, María que las viviste todas en una. Jesús sabía que las personas para hacer algo, no sólo necesitamos palabras que nos muevan, sino sobre todo ejemplos que nos arrastren. Y tú, María eras el mejor ejemplo que podía darnos para caminar por la senda de la felicidad que Él nos propone a todos los hombres.

Dios te salva, María… Oración: Que tus hijos veamos en ti y aprendamos de ti viviendo contigo las bienaventuranzas del Reino que tu Hijo Jesús un día proclamó. 

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Reflexiones mes de mayo día 12

Día 12º Dios ha mirado la humildad de su esclava (Lc 1, 48) Eres sorprendente, María. Te alegras y además felicitas a Dios porque ha mirado tu “nada”, porque se ha fijado en lo que no eres, no tienes, no vales… ¡Eres increíble! Nadie, que no seas tú, hace esto. Todas las personas hacemos lo contrario: destacamos nuestros logros, ponemos bien a la vista lo buenos que somos, presentamos todo lo que tenemos… Tú, en cambio, María, no. Tú sacas a relucir lo que te falta. ¿Por qué? ¿Por qué, María, tú vas contracorriente? ¿Por qué le presentas a Dios tu pequeñez y no tu grandeza? Ya sé… Porque a Dios le gusta esto. Y tú siempre haces su voluntad. Dios no aguanta al orgulloso, al prepotente, al soberbio, al engreído, al arrogante… rehúye al que se cree superior, al que se tiene por más que nadie, al que mira por encima del hombro. A Dios le agrada lo pequeño, para grande ya está Él. Dios no se fija en el fuerte, en el valiente, en el poderoso… porque cuando se lo creen, son una burla grotesca para Él. No es que Dios tenga miedo del hombre y de sus logros. O que le de envidia de sus criaturas. Dios está por encima de todo eso. El problema está en que cuando una persona se “endiosa” hace la vida imposible a los demás y se destruye ella. María, tú si que tenías motivos para “endiosarte”, como nadie ha tenido, pero no lo hiciste nunca. Es más, las pocas veces que hablas de ti, siempre lo haces dándote el nombre de “esclava”. No quieres ser, para Dios y para los hombres, otra cosa que una pequeña servidora suya. Eres muy consciente de que todo lo que tienes lo has recibido y de que nada de lo que has recibido es solo para ti. Tú, María, te alegraste no tanto por ser la Madre de Dios cuanto por ser su esclava. Tú te gozaste no en tu grandeza y majestad, sino en tu pequeñez y humildad. Tú le presentaste a Dios no lo que eras, sino lo que te faltaba.

Dios te salve, María... Oración: Santa María enseña a tus hijos a parecerse a ti en humildad y servicio, a sentirse felices de que Dios vea su humildad y pobreza.

13º Desde ahora me felicitarán todas las generaciones opt

IV Domingo de Pascua

Hoy contemplamos la figura de Jesús resucitado bajo la imagen del Buen Pastor. Tres características resaltan su figura: El sentido de propiedad. Frente al asalariado a quien sólo le interesa el dinero, el pastor bueno es además "amo". Ello origina un cambio de actitud ante el peligro. El asalariado huye ante el lobo, el amo se enfrenta a él para defender a sus ovejas. Esa audacia de su pastor es la que da seguridad y paz a las ovejas. Su mirada, su palabra, su cayado, sosiegan. Especial relación de conocimiento mutuo. La comparación que pone Jesús es significativa. No puede haber conocimiento más perfecto ni exhaustivo que el que existe entre el Padre y el Hijo. Significado por el rebaño. Él dedica al rebaño su propia existencia. Vive para cada oveja las 24 horas del día y voluntariamente entrega su vida, se deja matar para que las ovejas vivan. Es la propia interpretación del drama de la Cruz. A las ovejas no les exige nada a cambio, solamente que vivan. Los lobos son la gran amenaza para las ovejas. No resulta difícil comprobar la existencia de lobos en nuestro mundo. Crean inseguridad, miedo y violencia. En este ambiente necesitamos a Alguien que nos infunda seguridad. El Buen Pastor me conoce personalmente y me llama por mi nombre. Me acompaña, me da seguridad. Ante el peligro no huye, se arriesga, porque ha recibido un mandato del Padre: No perder a ninguna. Sacrifica su propia vida por salvar la de la oveja.

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Reflexiones mes de mayo día 11

Día 11º Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador (Lc 1, 47) Se alegra mi espíritu… dices tú. Dios es causa de nuestra alegría. Lo es para ti, María y lo es para mí. La alegría no está reñida con el sacrificio, ni con el sufrimiento, ni con el dolor. La alegría es enemiga del egoísmo, de la mentira, de la injusticia…; pero no del dolor. Éste puede hacernos llorar, pero no ponernos tristes ni quitarnos la felicidad. Tú, María, como nadie, esto lo sabes bien. Tu vida no fue fácil en ningún sentido, pero no fue triste. Sacrificios, privaciones, penalidades, muerte… fueron compañeros próximos en tu vivir, pero n pudieron quitarte el gozo de Dios. Tu alegría, María, está sólo en Dios. Nosotros, tus hijos, no podemos decir lo mismo, o por lo menos no del mismo modo como tú lo dices. Dios es causa de relativa alegría para nosotros. Nos hace felices, pero no del todo. Nos hace felices, pero no siempre. Nos hace felices, pero sólo en algunos aspectos. Su felicidad en nosotros, no es total, plena, absoluta. Siempre estamos insatisfechos, deseando más. A ti, María, por el contrario esto no te pasaba. ¿Por qué, María, Dios era para ti la única causa de alegría? ¿Por qué nosotros no terminamos de encontrar la felicidad e Dios? ¿Qué hay en ti y en nosotros que nos hace ser distintamente felices? Para nosotros Dios es también Salvador, pero hay una gran diferencia con respecto a ti, María. Nosotros esto lo sabemos, lo decimos y cuando lo vivimos de verdad, entonces somos felices. Pero, desgraciadamente la mayor parte del tiempo no sabemos sentirnos queridos ni sabemos vivir la salvación de Dios.

Dios te salva María...

11º Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador opt

Reflexiones mes de mayo día 10

Día 10º Proclama mi alma la grandeza del Señor (Lc 1, 46) Proclama mi alma la grandeza del Señor. Con estas palabras llenas de alegría, comienza este canto tuyo tan hermoso, María. Quieres en él, no sólo darle gracias a Dios, sino que el mundo entero reconozca lo que Él hizo por todos, a través de tu persona. Tú has visto como la misericordia de Dios se extendía de generación en generación… como dispersaba a los soberbios y recogía en sus brazos a los humildes… como desbarataba los planes de los arrogantes y elevaba a los sencillos… como los hambrientos tenían para comer, mientras los ricos se quedaban sin nada. Ya desde niña, en la historia de tu pueblo Israel, aprendiste cómo Dios desde el Padre Abrahán en adelante, ha cumplido siempre sus promesas y tú eres el ejemplo más claro, cercano y concreto. Estas palabras de tu hermoso canto, las vemos dichas por Ana, la madre de Samuel, el juez profeta. También en sus ideas generales las encontramos en todos los profetas y en los cantos de tu pueblo, los Salmos. Pero sobre todo estas palabras son tuyas, María porque tú recoges lo mejor de tu pueblo y en ti se cumplen todas sus promesas y deseos.

Dios te salve, María… Oración: Santa María, que todos tus hijos, sintamos como nuestra tu alabanza a Dios y que sepamos cantarla contigo y con todo tu pueblo por siempre.

10º proclama mi alma la grandeza de Dios opt

Reflexiones mes de mayo día 9

Día 9º Yo soy la servidora del Señor (Lc 1, 38) Dentro de la austeridad de datos que nos transmiten los Evangelios acerca de lo que María dice de sí misma llama la atención que en dos veces nos dice que ella es "la esclava del Señor". Esta palabra "esclava", tiene por tanto, mucha importancia en el corazón de María respecto de la conciencia de si misma. El esclavo sabe que su persona ha sido invadida por otro; ha sido ocupada robándole sus derechos. Consecuencia de esta expropiación es su conciencia de pertenencia. No se posee a sí mismo sino que es poseído. Su ser estar disponible para la libertad de su amo. Conciencia de dependencia. El esclavo no tiene bienes propios; no dispone de sí mismo; su vida depende del amo. En su alimentación, en su trabajo... Romper esa dependencia es encontrarse solo y sin medios para subsistir. Conciencia de entrega. Su vida es obedecer. Ciegamente. En ello va su vida. Hasta aquí sería el concepto de esclavo forzoso. ¿Podría darse el esclavo voluntario? San Pablo nos presenta a Cristo nos describe a Cristo como el que "se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo" (Filp 2,7). María también opta por ser la esclava del Señor. Libre y voluntariamente. Ello nos da el perfil de la conciencia que tiene María de sí misma. María expropiada. Ha abierto las puertas de su corazón para que Dios la ocupe plenamente. Llena de gracia. Le ha cedido sus derechos. Su afectividad, su tiempo, su cuerpo, todo cedido a su Amo y Señor. Le pertenece. María dependiente. Cuando la expropiación es forzosa se tiene miedo; cuando es voluntaria se tiene confianza. Uno se sabe en buenas manos. No hay miedo al futuro ni temor al presente. El Amo cuidará de ella. Se siente feliz en esa dependencia. María entregada. Su palabra es servir. Su ideal es estar disponible a la voluntad del Amo. Esta forma de vida engendra un tipo de personalidad. Como a Jesús, a quien "Dios lo levantó y le concedió el título que sobrepasa todo título", así también en María "Dios hizo maravillas... y todas las generaciones me recordarán como mujer feliz". Al final de este proceso nos encontramos otra vez con la lógica nueva de Dios: la esclavitud como forma de libertad. Yo soy la servidora del Señor ¿por qué me preguntas mi opinión parece decirle al ángel Gabriel en el momento de la anunciación. Yo soy una servidora y a los servidores el amo no les pide su opinión, simplemente él les manda y ellos obedecen. Yo soy la servidora del Señor; adónde me mande, iré; lo que quiera, lo haré; lo que desee de mí, lo seré. Respuesta grande y comprometida esta que diste, María a Dios. Hoy cuando miramos en perspectiva tu vida, María, solemos pensar: ¡Qué suerte tuviste… Dios te hizo su Madre y desde entonces todas las generaciones te llaman bienaventurada. Eres la mujer más famosa de la historia! Pero antes de este final, aguantaste mucho, sufriste mucho, lloraste mucho… en Belén y en Nazaret, en Egipto y en Jerusalén. De la cuna al Calvario. Todo fue resultado de esas palabras: Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí según tu Palabra.

Dios te salve María… Oración: Santa María, la Servidora, ayúdanos a ponernos al servicio de Dios enteramente, totalmente, plenamente, como hiciste tú, para que haga con nosotros obras grandes en favor de los que le aman. María, sé que estas palabras tuyas, quizá las más importantes que pronunciaste en tu vida, sin obligarme, me invitan a decir lo mismo a Dios.

9º He aquí la esclava del Señor opt

Asamblea General UIGS día 3

El desafío profético es la inculturalidad. El primer día nos identificábamos con la semilla, ayer con la tierra y hoy con la germinación de la semilla. Está germinando en nuestras Congregaciones una vida multicultural. El reto es hacer procesos para vivir la interculturalidad con apertura, diálogo y respeto. Nuestra misión será testimonial cuando este desafío intercultural se acoja.

Reflexiones mes de mayo día 8

Día 8º Dichosa tú que has creído (Lc 1, 45) Unos días después María se puso en camino y fue a toda prisa a la montaña, a un pueblo de Judea; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. En cuando oyó Isabel el saludo de María, la criatura saltó de alegría en su vientre. Llena del Espíritu Santo, dijo Isabel a voz en grito: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre ¿quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? En cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá. (Lc 1, 39-45) El Antiguo Testamento viene jalonando de un modo profundo por la fe inmensa de nuestro padre Abrahán y si él es el hombre y el padre de la fe en el Antiguo Testamento, María es la mujer y la madre creyente del Nuevo Testamento que se inaugura con la presencia de Dios entre los hombres. Y es que los secretos de Dios se revelan a los sencillos y en María se realizan cosas grandes, porque ella es pobre y sencilla al mismo tiempo. La fe de María es la fe desde el silencio desconcertador de Dios que la ha llamado y no sabe por qué. Sin embargo María desde su sencillez y humildad acepta y acoge la Palabra de Dios. En medio de la oscuridad que al mismo tiempo es iluminada por una fe ciega, se entrega sin condición al plan de Dios. Con su hágase en la anunciación, asume el camino muchas veces oscuro de la fe. Y desde esta fe vivida en silencio, María ama en mayor plenitud al que dará más tarde a luz: Jesús, el Mesías. María se nos muestra como la mujer dichosa, la feliz porque cree, porque ha puesto toda su confianza en Dios. La vida del creyente es un camino a recorrer. Es senda con dificultades y alicientes. Todo ello nos va descubriendo el valor del camino. Si no hubiera sido por la fe Abrahán no sería el padre de un gran pueblo. Sin la fe, María no hubiera sido la Madre de Dios. Sin la fe de los apóstoles, el Evangelio proclamado por Jesús hubiera quedado entre cuatro paredes de Jerusalén. Si no es por la fe de tantos hombres y mujeres de la historia del hombre, tantos proyectos, tantas ilusiones, tantas esperanzas hubieran quedado sepultadas y no se hubieran realizado. El hombre creyente aprende de María la disponibilidad ciega, la generosidad infinita, el abandono completo a Dios. La fe de la Madre nos enseña que lo más importante es creer y la fe nos irá guiando como seguir a Jesús.

Dios te salve María… ación: Virgen y Madre de los creyentes, tu fe sin límites me alienta y me anima a seguir siendo fiel al Señor, acógeme con tus brazos maternales, alienta mi fe vacilante, para vivir el plan que Dios tiene en mí. Ayuda a todos aquellos que encuentran dificultad e el camino, acuérdate de todos aquellos que no ven las huellas del pescador de Galilea. Se luz en el camino de los que aún vivimos en tiempo de tiniebla y oscuridad. Alienta nuestro valor, anima nuestras ilusiones y cuando en el momento de la caída nos sintamos abandonados, ayúdanos a levantarnos. Amén.

8º Dichosa tú que has creído opt

Asamblea UISG segunda jornada

"Sembradoras de esperanza profética para cuidar la creación". Ayer se les invitaba a ser semilla, hoy a ser tierra. Como mujeres consagradas se les invita a ser profetas de esperanza, poniendo la mirada en nuestra casa común, invitadas a la contemplación de nuestro mundo, al arrepentimiento y a la conversión. Sólo podemos ser sembradoras de esperanza profética para el planeta si estamos arraigadas y sumergidas en la Palabra de Dios, contemplándola como lo hizo Jesús, que estaba profundamente conectado con todo lo que sucedía tal como lo dice su Padre.

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