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Artículos

Cartas I

                                                        I

 

         Palma de Mallorca, 2 de agosto de 1886. El P. Fundador exhorta a las Hermanas a comenzar con entrega la nueva era que señala la revisión de las Constituciones y las Reglas, penetrándose bien de su espíritu.

 

         Praeparate corda vestra Domino (I R,7,3)

 

         Preparad a Dios vuestros corazones.

 

         Amadas hijas, salud y paternal bendición.

 

         Faltaría mi deber y más aun a los vehementes deseos de mi corazón, sino agotara los recursos todos que sugiere una solicitud verdaderamente paternal, para obtener la santificación de vuestras almas. Después de una lucha tan desastrosa como tenaz sostenida por el largo espacio de veinte y siete años contra los enemigos de nuestras almas, que cuando no han conseguido vuestra ruina, han acumulado dificultades a la santa observancia de las Reglas, para que no pudiese ésta producir el fruto del amor divino, y de vuestra santificación, secando hasta el jugo de la ternura del corazón con que se alimenta la vida del espíritu, no debemos cejar hasta haber obtenido el más completo triunfo. Aunque hasta ahora se han frustrado de alguna manera tantos medios de santificación que Dios ha puesto en vuestras manos: confesiones, comuniones, lecturas, pláticas y tantos otros ejercicios espirituales que son el alimento de vuestro espíritu, no habéis de desalentaros, sino reparar los defectos cometidos, cobrar nuevo vigor y empeño, y protegidas con el escudo de la fe, vencer intrépidas todas las dificultades que se os presenten, hasta adornaros con la investidura de Jesucristo. Ciertamente el mal no está en la falta de medios de santificación, sino en el modo de aplicarlos, en la poca devoción con que se practican los ejercicios espirituales y en la frialdad e indiferencia con que se miran. Haya fe viva, haya devoción verdadera, haya fervor ardiente, y en breve tiempo habrá cambiado el aspecto de la Congregación: se buscará la gloria de Dios, se amará de veras a Dios, se obtendrá el espíritu de Dios.

 

         A conseguir bienes de tanta trascendencia se dirige la presente exhortación y los medios que prescriben las modificaciones, que circunstancias distintas y la misma apariencia han hecho adoptar en las Constituciones y Reglas del Instituto, modificacio­nes que después de mucha meditación y ante Dios ha creído la Autoridad Superior debía dictar para que eliminadas las prescripciones inobservables, o inútiles, sino perjudiciales, quedase un código de fácil observancia con todas las garantía de buen éxito, que todos anhelamos. ¡ojalá escuche Dios nuestros clamores, y atienda a nuestras súplicas! Así debéis esperarlo de su bondad infinita, si con ahínco procuráis entrar en la nueva era que se os presenta, si os prestáis con ardiente celo a la observancia de las Reglas y a la práctica de los medios de santificación que la Religión os ofrece, si miráis esos medios como emanados de lo más íntimo del corazón tiernísimo de Jesucristo, si aprendéis en fin a respetar y amar a vuestro divino Esposo en la persona de cada una de las Hermanas, sin mirar las cualidades, ni buenas, ni malas de ninguna, sino solo lo que por su carácter representa.

 

         En efecto: según la doctrina de S. Pablo el medio de obtener la santa obediencia es mirar a Jesucristo en la persona de los Superiores, y por lo mismo para alcanzar la verdadera caridad, la fraternidad, la paz y concordia con todas las Hermanas, necesario es mirarlas a todas como tiernas esposas de Jesucristo, como otras tantas representantes de Jesús ¡ay! como Hermanas queridísima que moran y se nutren dentro del Corazón de Jesús.

 

         Esta es la verdadera ciencia del espíritu: ser en todo espirituales, alimentaros con los pensamientos, con las palabras y con las obras del espíritu, con la vida de fe. Los que en todo obran por el espíritu de Dios, esos son, dice el Apóstol, los hijos de Dios, y no pertenecen a Jesucristo los que no tienen su espíritu.

 

         Aprended, pues, amadas hijas, a mirar únicamente a Dios en todas las cosas, a respetaros y amaros tiernamente en Dios y por Dios, a cumplir fielmente vuestros cargos por Dios, a acatar y sostener la autoridad de Dios en todas las personas que la representen, y así fácil será el mandar, y mucho más el obedecer. Cerrad los ojos corporales, para que los del espíritu vean claramente a Dios en todas las cosas, faciliten en todo la santa observancia y hagan reinar en vuestros corazones la paz de Dios, aquella paz que sobrepuja todo sentimiento humano y transporta de alegría espiritual a las personas que moran en la casa de Dios. Entonces conoceréis prácticamente cuan buena y alegre cosa es habitar muchas hermanas reunidas, formando una rica corona para glorificar y engrandecer a su santísimo Esposo Jesús: entonces, lejos de vosotras todo temor servil, tendréis una confianza filial con los superiores, anhelaréis sus paternales visitas, y os aprovecharéis de sus avisos, de sus amonestaciones y de los santos ejercicios que os prescriban: entonces os gozaréis de manifestar vuestros defectos para remediarlos, de la vigilancia que se os dispense para ayudaros, del cuidado asiduo que se despliegue en toda la comunidad para dilatar vuestros corazones, llenándolos de consuelo, ternura y alegría.

 

         Si así sucede, amadas hijas, como confiadamente lo espero, toda la Congrega­ción aplaudirá con entusiasmo el arreglo que acaba de hacerse para excitar el celo y promover la santa observancia, asegurando un porvenir halagüeño y estable para gloria de Dios y bien del Instituto. Sí, amadas hijas, los cuidados han de multiplicarse por necesidad; los deberes de vuestra madre se reducen a visitaros continuamente para auxiliaros en el negocio de vuestra santificación, con su ayuda y los desvelos del Superior fácil os será vencer todos los obstáculos que la estorben, robustecer la debilidad de las fuerzas para adquirirla y sostener el fervor con que vuela a Dios el espíritu. Para que los trabajos continuos no fatiguen pronto y ocasione achaques al cuerpo, y para que no se debilite con ellos el celo y fervor del espíritu; se limitará a solo un trienio el encargo de la Visitadora General, por cuyo medio se favorece también la edad conveniente para que pueda siempre escogerse la que contando ya con madurez y experiencia, no quede ahogada con achaques, o con la necesidad del descanso. Finalmente todo queda ordenado con sencillez, y claridad, habiéndose cercenado todo lo que no se observaba, o no era conveniente, atendidas todas las circunstancias, y modificado todo lo que con el tiempo podía perjudicar la regularidad del Instituto, sustituyéndose con todo aquello que al paso que proporciona garantías al buen régimen, estimula el celo de las personas llamadas a tomar una parte activa en los asuntos e intereses de la Religión aunándose los esfuerzos de todas para conseguir fácilmente el bien espiritual y material de la Congregación, y garantizar fuertemente su acción y estabilidad.

 

         Ahora solo falta, amadas hijas, que os penetréis bien del espíritu de las Constituciones y Reglas nuevamente ordenadas, y rebosando en ardientes deseos de vuestra santificación, emprendáis con el mayor empeño su más estricta observancia, íntimamente convencidas de que solo con ella podréis ser buenas religiosas, solo con ella seréis fieles a vuestra santa vocación, solo con ella llegaréis a ser santas. ¡Quiera Dios concederos abundantes raudales de gracia para alcanzar bienes tan inefables! ¡ Quiera Dios secundar mis ardientes deseos, y vuestros heroicos esfuerzos para tejer vuestra esmaltada e inmortal corona! ¡Quiera Dios otorgarme su beneplácito para bendecir en representación suya, como lo hago con toda la efusión de mi espíritu, y con toda la ternura de mi corazón a mis amadas hijas en Jesucristo, en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

         Palma 2 de Agosto de 1866.

 

                                               El Superior,

                                     Sebastián Gili, Presbítero

                                               (Rubricado)

 

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