Un hogar
para quienes
más lo necesitan

Somos las Agustinas Hermanas del Amparo, una comunidad religiosa fundada en 1859 por el Venerable Sebastián Gili Vives, inspiradas en la espiritualidad de San Agustín, vivimos en comunidad, compartiendo alegrías y esperanzas.

Nuestro compromiso es llevar amor, valores, cercanía y acogida.

Más de 160 años
de amor y entrega

Todo comenzó en Mallorca, en el año 1858, cuando el sacerdote Sebastián Gili Vives, con una profunda preocupación por los niños huérfanos y desamparados, sintió el llamado de Dios a crear una obra de amparo. En 1859, tras muchas oraciones y discernimiento, asumió la dirección de los centros de beneficencia de Palma de Mallorca, apoyado por cuatro mujeres sensibles a su mismo deseo: convertir estos lugares en un hogar donde los más pequeños pudieran sentirse protegidos y amados.

En sus primeros años, la congregación enfrentó numerosos desafíos, pero el espíritu de servicio y la fe inquebrantable impulsaron su crecimiento. En 1866, la comunidad se consolidó con la aprobación eclesiástica y se expandió a otras localidades de Mallorca, como Estellencs, Campanet, Puigpunyet, Burger, Algaida….

A medida que aumentaba el número de hermanas y obras, en 1911 se realizó la primera misión fuera de la isla, llevando el carisma del Amparo a Ibiza, y en 1966 a la Península. La expansión continuó a lo largo del siglo XX, con presencia en América Latina y África, demostrando que aquella pequeña semilla plantada en un humilde contexto había crecido y florecido en una gran familia religiosa, presente en diversas partes del mundo.

Con el paso de los años, la congregación ha sabido adaptarse a las necesidades de los tiempos: ampliando sus obras educativas, acompañando a comunidades vulnerables y promoviendo espacios de reconciliación. A pesar de los cambios, nunca ha perdido la esencia de su vocación: ser refugio y esperanza para quienes necesitan ser vistos, escuchados y acompañados.

Haciendo presente

el amor de Dios

Cómo Agustinas Hermanas del Amparo, nuestra misión es hacer presente el Reino de Dios a través del servicio a los más vulnerables, un compromiso que hunde sus raíces en nuestra espiritualidad y en las enseñanzas de nuestro fundador. Esto significa estar al servicio de la infancia abandonada, de las familias en dificultades y de las comunidades que anhelan un futuro mejor. Desde los inicios, con nuestras primeras escuelas en Palma de Mallorca y Campanet, hasta la actualidad, hemos dedicado nuestra vida a ser presencia de amor y esperanza.

Llevamos a cabo esta misión a través de una educación integral, que no solo forma mentes, sino también corazones; programas sociales que brindan acompañamiento y recursos a quienes más lo necesitan; y actividades pastorales que inspiran la fe viva y compartida. Además, estamos presentes de forma activa en cada lugar donde nos sentimos llamadas, en barrios, colegios y comunidades, llevando siempre nuestra vocación de servicio a cada rincón.

Un carisma
de amor y servicio

Nuestro carisma nos impulsa a ser una presencia viva del Amparo de Dios. Las Agustinas Hermanas del Amparo seguimos viendo cada día como una oportunidad para servir y entregarnos con humildad y alegría, siendo un puente entre Dios y las personas, especialmente las más vulnerables.
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