Este verano con ocasión del Jubileo, tuvimos la gracia de peregrinar a Roma junto a otros trescientos jóvenes. Han sido días de verdadera alegría, comunión, fe y fraternidad en torno al Señor.

El encuentro con el Santo Padre León XIV nos transmitió paz y esperanza. Como hijo de san Agustín su mensaje se centró en la búsqueda de Dios, animándonos a ir a Cristo para entablar con Él una amistad auténtica, pues sólo el Señor es capaz de saciar los deseos más profundos del corazón y así alcanzar la felicidad verdadera que tanto anhelamos.

También disfrutamos muchísimo de poder contemplar la belleza de la Iglesia en miles de jóvenes peregrinos llegados de todo el mundo. No hay nada más hermoso que saberse Iglesia caminando con otros, siguiendo a un mismo Señor. Confirmar la fe junto al sucesor de Pedro y sobre el testimonio de tantos cristianos a lo largo de los siglos, nos anima a seguir dando la vida por Cristo con la misma pasión de quienes nos han precedido.

Por último, tanto de ida como de vuelta pudimos peregrinar por distintos santuarios, aprendiendo de los santos la autenticidad de la vida cristiana, de la mano de la Virgen María y de san José.

Agradecemos al Señor por estos regalos extraordinarios e inmerecidos y le pedimos que nos sostenga con su Espíritu, para poder dar frutos abundantes en la vida ordinaria, de tanto bien recibido.
Hnas. Gadali y Antonia













