
Durante los meses de diciembre y enero la madre Martina realizó su visita a las comunidades de Agustinas Hermanas del Amparo que se encuentran en Honduras, Panamá y Perú.
En Honduras existen dos comunidades, una en Cofradía de Cortés y otra en Vida Nueva. Ambas alojan a un total de siete hermanas de votos perpetuos, dos junioras, una postulante y dos aspirantes.
Su misión principal consiste en atender a los necesitados de la zona mediante diferentes obras: el centro de día «Sebastián Gili Vives», la escuela bilingüe «Santa Mónica» y el dispensario médico «Sagrado Corazón de Jesús». Además, algunas hermanas imparten clases en el instituto «San Vicente de Paúl» y se colabora en catequesis y acompañamiento a grupos parroquiales.
Durante su visita, la madre Martina ha escuchado a cada una de las hermanas para conocer las necesidades reales del lugar y así poder reorganizar las comunidades.
En Panamá encontramos una comunidad en Chitré formada por tres hermanas de votos perpetuos y una juniora. Su misión consiste en la evangelización, la formación de ministros, visita a hogares y a enfermos, animación de las Eucaristías, acompañamiento a las comunidades agustinianas, coro de jóvenes, retiros, etc.
En Perú, las hermanas se encuentran organizadas en tres comunidades. La que está situada en Lima atiende la casa de acogida «Rayito de Esperanza», para familias con niños en tratamiento oncológico y está formada por tres hermanas de votos perpetuos.

En Trujillo está situada la comunidad que atiende el complejo «San Agustín», formado por un centro de educación infantil y una casa de acogida. Además, las hermanas participan en grupos parroquiales donde se realizan tanto visitas de ancianos y enfermos como grupos de oración de jóvenes. Esta comunidad está formada por cinco hermanas de votos perpetuos.

La tercera comunidad se sitúa en Magdalena de Cajamarca y está formada por tres hermanas de votos perpetuos y una aspirante. Las Agustinas Hermanas del Amparo se dedican a atender la casa de acogida y retiros y a la pastoral en las escuelas de los caseríos, visitar enfermos y promover las celebraciones litúrgicas.

Ha sido un tiempo de encuentro fraterno que nos ha enriquecido a todas, animándonos a continuar con la misión que el Señor nos encomienda, desde la unión con Él y el impulso de la vida en comunidad.













